Posición sobre la diplomacia digital postpandemia

 


Por: Manny Ramirez


El artículo de Puru Trivedi analiza acertadamente cómo la pandemia aceleró la digitalización de la diplomacia, destacando el auge de plataformas como Zoom y la celebración virtual de la Asamblea General de la ONU. Comparto su diagnóstico sobre la transformación imparable del sector, pero discrepo en varios puntos fundamentales que desarrollaré a continuación.

Lo que el artículo acierta

Reconozco que Trivedi identifica correctamente la magnitud del cambio: el aumento del 100% en el uso de internet durante los confinamientos o el crecimiento del mercado de PC demuestran una revolución digital sin precedentes. Su propuesta de una "diplomacia híbrida" que combine lo presencial y lo virtual es sensata. También valoro que mencione, aunque sea brevemente, las preocupaciones éticas sobre ciberseguridad y desinformación.

La falsa promesa de accesibilidad

Sin embargo, el primer punto de desacuerdo es su afirmación de que lo digital "podría hacer la diplomacia más accesible". Esta visión ignora la brecha digital global. Mientras los diplomáticos en países ricos disfrutan de fibra óptica, delegaciones de naciones en desarrollo sufren cortes eléctricos y conexiones deficientes. La diplomacia virtual no democratiza; más bien crea una nueva jerarquía tecnológica. Países pequeños quedan en desventaja frente a potencias con infraestructura de punta. La accesibilidad real requeriría inversiones masivas que Trivedi no menciona.

El problema de la dependencia corporativa

Otro aspecto crítico que el autor subestima es la dependencia de plataformas privadas. Zoom, Microsoft Teams y otras aplicaciones son propiedad de corporaciones estadounidenses. ¿Qué garantías de confidencialidad diplomática existen cuando las conversaciones entre Estados pasan por servidores privados? ¿Quién asegura que estos datos no son comercializados o intervenidos? La Unión Europea ha intentado regular con sus leyes de servicios digitales, pero Trivedi las menciona sin analizar su insuficiencia. Una diplomacia verdaderamente soberana requeriría infraestructuras públicas controladas por los Estados, no por accionistas.

Lo irremplazable del encuentro presencial

El artículo admite que los beneficios del contacto presencial "son de conocimiento común", pero no extrae consecuencias de ello. La diplomacia no es solo transmisión de información; es construcción de confianza a través de gestos, miradas, comidas compartidas y conversaciones de pasillo. Ninguna videollamada capta un silencio incómodo o permite un acuerdo alcanzado durante un café. Las crisis internacionales se resuelven cara a cara, no mediante pantallas. La pandemia demostró que lo virtual es un parche, no una solución permanente.

Riesgos éticos profundos

Trivedi enumera preocupaciones como la desinformación y la ciberseguridad, pero las despacha rápidamente. Los últimos años han mostrado ataques de ransomware a ministerios de exteriores, suplantación de identidades en videoconferencias y filtraciones de documentos clasificados. La diplomacia virtual multiplica los vectores de ataque. Además, facilita la vigilancia masiva: si todo pasa por los mismos servidores, la confidencialidad se debilita.


Fuente / Digital Diplomacy Is the Next Normal

 https://www.diplomaticourier.com/

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Comentarios

  1. Gran blog. La diplomacia no es solo transmisión de información; es construcción de confianza a través de gestos, miradas, comidas compartidas y conversaciones de pasillo. Las crisis internacionales se resuelven cara a cara, no mediante pantallas. La pandemia demostró que lo virtual es un parche, no una solución permanente.

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